5 de mayo de 2010

Haciendo balance

Como vino, se fue.. Se terminó la Semana del Pincho de Navarra 2010. Ya se conocen los ganadores. Es hora de hacer balance. ¿Cómo vive un evento de este tipo alguien que no es navarrico? ¿Cómo lo valora?

Tal vez alguno no se lo crea, pero nunca he estado en Pamplona por San Fermín, y sin embargo aterrizo en Iruña un par de veces al año desde 2006. En Otoño y en Primavera. Para el pincho y las cazuelas. Y los espero con impaciencia. (mira que este año la organización se ha atrasado en comparación con convocatorias anteriores, se me ha hecho eteeeerno). Y lo mejor de todo es que me encontré con estos certámenes por pura casualidad… Pero eso es otra historia.

El titular: ha sido una excelente Semana del Pincho. Pese a que teníamos nuestras dudas después del resultado de las cazuelas 2009 y a que este año tampoco está la cosa para ir tirando tracas. La verdad es que el nivel general ha satisfecho ampliamente nuestras expectativas. De verdad: vale la pena alargar un fin de semana para poder probar tanta variedad diferente de sabores, técnicas, ingredientes, texturas. Este evento es un tesoro para Navarra y un prestigio para la ciudad de Pamplona. Ha habido cantidad y calidad en las propuestas de 2010. Dicen que en la variedad está el gusto. Y precisamente es la amplísima oferta gastronómica desplegada durante la semana del pincho donde se encuentra la mejor virtud de este certamen.  En cualquier sitio (a veces en los menos esperados y en los más simples) puedes encontrar una combinación de sabores que logre emocionarte. Por eso no comparto el criterio de los que opinan que el concurso ganaría en calidad si en lugar de dos pinchos, cada bar presentase uno.

Hagamos cuentas: este año hemos degustado un total de 52 pinchos (sin contar los que no entraban en concurso y los que hemos querido repetir). Ha habido pocos que no me hayan gustado (la verdad es que no tengo, lo que se dice, mal saque), y en más de una docena diría que han sido excelentes. Pero, eso sí, han sido todos los que hemos podido probar en los dos días y medio de que disponíamos. ¿Valdría la pena soportar  los costes de desplazamiento y alojamiento si en el mismo tiempo pudiéramos acceder exactamente la mitad? Siempre hay buenos motivos para viajar a Navarra, pero en este caso el fiel de la balanza estaría indudablemente menos decantado. Espero que en el futuro, pues, no cambien las normas.

Por supuesto, hay cosas que me han disgustado. Y este año lo han hecho especialmente las ausencias. Está claro que a veces hay motivos ajenos a la voluntad que pueden impedir una participación. Lo que ya no está tan claro es que la voluntad de participar sea realmente tan clara. Y es que me ha parecido que a algunos no les ha merecido la pena invertir tiempo y recursos en el desarrollo de nuevas propuestas gastronómicas porque no aprecian un retorno claro en forma de una mayor afluencia sostenida de clientes.  No puede haber visión más miope de la Semana del Pincho. Quien gana en prestigio es Navarra y especialmente Pamplona. Y prestigiando la ciudad se atraen visitantes (como un servidor) que, tarde o temprano, recabarán en sus bares y restaurantes… u otros pueblos (este año he borrado Zugarramurdi de la lista de “tareas pendientes“). Claro. Siempre hay free riders, que al final parasitan el sistema y se acaban aprovechando del trabajo de otros, pero no me parece que tengan una postura constructiva y respetable, más bien del todo egoísta. La sinergia que se crea es mayor cuanto más grande y cohesionado sea, en este caso, el movimiento del pincho y su oferta.





Resumiendo: siempre me ha parecido que el nivel de excelencia alcanzado en la hostelería navarra es sublime. El aprovechamiento de los locales a cualquier hora del día (son auténticos transformes capaces de pasar en cuestión de minutos de bar de pinchos a bar de copas), el excelente desarrollo de la cultura del pincho, tan autóctona y diferente a la de otros lugares de referencia de este género (es muy difícil encontrar pinchos iguales en locales distintos), o el trato exquisito del personal que está detrás de esas laaaargas barras … Podéis hacer la prueba: en pocos locales de pocas ciudades de España te preparan un cubata de ron con tanto esmero como en cualquier bar del centro de Pamplona…

Definitivamente no. No faltaremos el año que viene.

 Felicidades por esta estupenda edición de la Semana del Pincho.
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