31 de agosto de 2011

Cosas que no puedes dejar de probar en el Camino Primitivo – Asturias, en general

Cuesta empezar a escribir este post porque, francamente, uno no sabe qué escoger en primer lugar de entre todo lo que se puede encontrar en Asturias. Ni siquiera facilita un poco las cosas el hecho de que, empezando el Camino Primitivo en Oviedo y dejando relativamente lejos la costa cantábrica para perderse por las montañas occidentales, se deje fuera del saco la gran variedad de frutos del mar que abundan , por ejemplo, en Llanes, Gijón, Cudillero o Ribadesella. Porque parece mentira que, en un espacio tan relativamente pequeño del mundo, se puedan encontrar tantas y tantas cosas diferentes que refuerzan la personalísima identidad del pueblo astur.

En fin… abramos el tema con el queso. Personalmente, considero que nadie puede decir que ha hecho el Camino Primitivo sin haber probado el afuega’l pitu. Y es que Grado, la primera de las etapas del camino, es el mayor productor de esta delicia D.O. elaborada únicamente con leche de vaca. Básicamente existen cuatro variedades de este queso, según su forma (de vaso o de calabaza, si se ha secado en vasija o en trapo) y según su color (blanco o rosado, si a la cuajada se le añade pimentón). Por las comarcas de Oviedo y el Narcea, por las que transcurre el Camino, es más probable encontrárselo de la primera variedad, aunque todos están igualmente deliciosos y, además de en porciones, también se suele utilizar para elaborar salsas con las que acompañar algunas carnes.


La merienda: afuega'l pitu con membrillo y sidra natural

El nombre del queso, en lengua asturiana, significa “ahoga la garganta”, porque en boca tiende a deshacerse y tornarse pastoso, remoloneándose a la hora de transitar por el gaznate (el pitu) lo que, por otro lado, le ayuda a reforzar una de sus mayores virtudes: la persistencia astringente en el paladar. Por cierto: para desfuegarse, por supuesto, lo mejor son unos culines de sidra natural y bien escanciada; nada de espumosas al estilo de las cyders inglesas o irlandesas, que poco a poco se van comercializando y se las puede encontrar en los chigres modernos junto a los tiradores de cerveza y en los supermercados… Éstas son más oportunas para otros momentos del día (o de la noche).

Según la Wikipedia, existen otras cuarenta y tantas variedades más de quesos asturianos (sí, no sólo hay vida, sino un universo entero más allá del cabrales). Solamente reseñaré ahora el ahumado de Pría (Llanes), aunque proviniente de la parte oriental de asturias, un queso en la línea del Idiazábal pero hecho con mezcla de leches de oveja y vaca. Y puestos a seguir degustando humo, no hay que olvidarse de una tapilla (o directamente un bocata) de chorizo asturiano.

Aunque… metidos en el tema del bocadillo, nada mejor que el chosco (en el Bar Covadonga, en La Espina, nos sirvieron unos bocatas de chosco con bollos calentitos, en un día frío y lluvioso, que se nos saltaron hasta las lágrimas…). Se trata de un embutido multiuso hecho de carnes de cerdo, sobre todo cabeza de lomo y lengua, sazonado con pimentón y, como no, ahumado (en un clima tan húmedo como el astur, nada mejor que la chimenea para secar el embutido…). Es muy típico de Tineo, tercera etapa del camino, y lejos de este concejo no es tan fácil de encontrar, por lo que su degustación es imprescindible antes de poder continuar.

Siguiendo con los emparedados, además de las empanadas que, sobre todo, vamos a seguir encontrando más adelante ya en Galicia, hay que destacar dos especialidades mucho menos extendidas La primera es el bollu preñau. Esta delicia campestre, vista desde fuera, es aparentemente un bollo de pan normal y corriente. Sin embargo, en su interior esconde una pieza de chorizo y/o de panceta, atrapada durante el horneado (con lo que queda literalmente preñado) y que habitualmente hace que la grasa del chorizo empape el interior de la miga del pan. La segunda es el tronco relleno, también conocido como brazo pelayu, que se puede encontrar muy especialmente en Cornellana (en la Repostería Casino) o en algunos sitios del precioso pueblo de Salas. Se trata de una elaboración a medio camino entre la empanada y el bollu preñau: una lámina de pan enrollado, como un brazo de gitano, relleno de chorizo, jamón y panceta.


El brazo pelayu (el que está sobre el papel)

Por ir abreviando, si nos sentamos a comer, además de la fabada, las fabes con almejas, la sopa de cocido o el pote asturiano (otro día le prestaremos merecida atención), no hay que dejar de probar, entre los segundos, el cachopo, los escalopines con salsa de cabrales o la ternera, en general, en cualquiera de sus posibles otros cortes y preparaciones… Porque si algo sobra en la Comarca Vaqueira, que se atraviesa a través de Salas, Tineo y Allande, son tranquilas vacas en vastos prados verdes con unas preciosas vistas.

Para acabar con los postres, sólo un trío de recomendaciones de entre la enorme variedad de dulces que se preparan en Asturias: las casadielles, famosas en el mundo entero, los flanes de queso (abundantes en todo el norte) y los carajitos del profesor, unos dulces de avellana originarios de Salas.

Y… podríamos seguir un rato más. Pero es que me está entrando un hambre…

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