23 de agosto de 2011

Cosas que no puedes dejar de probar en el Camino Primitivo - Prólogo


Las vacaciones… ese esperado momento del año de merecida ruptura con la rutina, ideal para salir de casa unos días, viajar y descubrir cosas nuevas... Tanto si eres de los que les gusta la aventura, coger la mochila, carretera y manta, sin un destino claro y definido, hasta que aguante el monedero; como si, por el contrario y como un servidor, disfrutas casi más planificando hasta el más mínimo detalle para sacarle el máximo partido a ese mismo e igualmente escaso monedero, estarás más o menos de acuerdo en que, además de paisajes, monumentos o museos, una de las mejores vías para adquirir un verdadero conocimiento de un entorno distinto es, sin duda, a través de lo que se puede comer de aquí para allá. Luego, claro está, se puede ser más o menos entusiasta de esta vertiente turística, desde la postura más conservadora de limitarse a la mínima alimentación básica para sobrevivir y lo más parecida a lo habitual, o bien la práctica de ese deporte (a menudo de aventura), que consiste en lanzarse en caída libre hacia cualquier alimento desconocido, pasando por toda una gama intermedia y variada de posibilidades.

Si eres de los que tiene una tendencia a comportarse más hacia el segundo planteamiento, es posible que encuentres interesante este post y los que le van a seguir. Porque finiquitado el periodo vacacional es un buen momento para hacer memoria y comprobar qué platos nos han llegado a marcar hasta el punto de asociar y hacer perdurar en el recuerdo una determinada receta a lugares o zonas concretas visitadas y vividas. Y si además, resulta que el tipo de viaje que te regalas se aproxima a la filosofía del slow tourism y/o slow food, entonces la experiencia es más profunda y fructífera, y enriquece tanto como para dejar corta una sola entrada.

Como no hay mejor práctica de ese turismo lento como caminar, como no hay camino más célebre por aquí cerca que el Camino de Santiago (hay muchos otros menos célebres, pero tanto o más edificantes), y como se da la circunstancia de que casualmente este verano lo hemos podido disfrutar de nuevo, voy a ir comentando algunas de las cosas más interesantes que se pueden degustar a lo largo de los más de 325 Km que unen la ciudad de Oviedo y la de Compostela, siguiendo la ruta del menos conocido y masificado (todavía y por fortuna) Camino Primitivo.

No lo olvides, Dorothy: sigue el camino de las flechas amarillas  :P

Aunque el resto de la experiencia merecería ser comentada en otro lugar (tal vez los que lo hemos compartido, deberíamos dedicarle un blog –mensaja a navegantes-), la cosa del yantar se va a organizar de la siguiente manera: un primer capítulo dedicado a las etapas asturianas, y un segundo capítulo dedicado a las etapas gallegas. Y dentro de cada uno, un comentario general para la comida popular y alguna que otra reseña de lugares específicos que vale la pena visitar.

¡Ah!. Si por el contrario no te identificas en absoluto con los planteamientos anteriores, no te preocupes. Es posible que puedas encontrar algún detalle de tu interés y, por supuesto, te invito igualmente a echarles un ojo y a compartir cualquier reflexión sobre la cuestión.
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