20 de septiembre de 2011

Cosas que no puedes dejar de probar en el Camino Primitivo – Asturias y III – La Nueva Allandesa

Los peregrinos que deciden hacer noche en Borres o en Campiello para superar el Puerto del Palo a través de la Ruta de los Hospitales, y renuncian a bajar hasta Pola de Allande, dejan de disfrutar del mejor menú que se puede encontrar en todo el Primitivo: el que sirven en La Nueva Allandesa.

Olvida la cocina de vanguardia y ni tan siquiera te molestes en pedir la carta (no recuerdo haberla visto nunca). La mejor actitud que se puede tener cuando se entra en la Allandesa ha de ser la misma que ante la perspectiva de un buen masaje: relájate y déjate llevar por el carisma desbordante de su personal… y prepárate para disfrutar de su renombrado menú. Como dicen ellos mismos, sin dejar margen de maniobra: “hoy vais a probar las cosinas buenas que hacemos en casa”. Y la confianza no se defraudada en absoluto.

La Allandesa es 100% Cocina Tradicional, con mayúsculas y de principio a fin. Casi todo lo que se sirve es de elaboración propia, casera, destacándose sobre todo los embutidos, con los que se bordan los guisos, pero también los postres e incluso el vino. La calidad y exclusividad de la materia prima está, pues, fuera de toda duda y se nota con creces en los resultados. 

Abre el menú, de tres platos, un pote asturiano, la otra gran receta tradicional a la sombra de la celebérrima fabada. Y del de la Allandesa, en concreto, muchos opinan y han escrito que es el mejor que se puede comer en toda Asturias (a mi criterio, podría ser bien cierto). Le sigue un pudín de verduras (cuyo sólo recuerdo provoca el ronroneo de mis tripas), y lo redondean unos es-pec-ta-cu-la-res repollos rellenos de carne guisada que, aunque por su nombre puedan parecer poco atractivos, ya los quisieran muchos restaurantes en sus cartas de sugerencias. Así presentado, pudiera parecer que después de apretarse semejante menú bomba, la única salida sería una dilatada siesta a mediodía, o sal de frutas y una digestión pesada si se osa tomarlo para cenar… pero lo más sorprendente es que, en las antípodas de tales prejuicios, este condumio resulta sensacionalmente ligero y fácil de digerir (también para la cartera) ya que, en realidad, predominan las verduras por encima de la proteína.

Pastel de verduras y repollo relleno

Hay muchas más cosas deliciosas fuera de este irrenunciable menú (digo más: irrenunciable experiencia gastronómica). Por citar alguna, la última vez que fui tuve la ocasión de probar unas truchas, de las que se pescan en los ríos asturianos y que nada tienen que ver con los enormes animales de piscifactoría a los que estamos acostumbrados, con una carne finísima y un rebozado perfecto… Irremediablemente: otro plato de los que se graban a fuego en la memoria. 

Y de los postres, por no alargarme, sólo voy a decir una cosa: nata. Consistente como un queso cremoso; se podría cortar a cuchillo, moldear una figurita y mantendría su compostura… La textura y el sabor, en gloriosa consonancia, digna de la más exquisita de las pastelerías artesanas. En serio: no oséis levantaros de la mesa sin haberla probado. 

Quien pasa de largo de Pola de Allande, no tiene ni puñetera idea de lo que se pierde.
Publicar un comentario