24 de octubre de 2011

Cosas que no puedes dejar de probar en el Camino Primitivo – Galicia


Salvando el alto del Acebo se llega, por fin, a Galicia. La Tierra de Burón, que fue asturiana hasta el segundo tercio del S. XIX, hace que la transición gastronómica entre una y otra comunidad sea progresiva, de manera que en A Fonsagrada, aún se pueden encontrar algunas especialidades como las fabes con almejas o los escalopines al cabrales, por si a alguno se le habían pasado por alto en las etapas anteriores… Pero indudablemente, ya no estamos en Asturias, y las especialidades gallegas pululan por ahí, esperando a que se les hinque el diente.

Galicia es tierra de caldo gallego, de lacón, de marisco y de empanada, pero el primer producto que brilla con luz propia en A Fonsagrada es el que se sirve en cualquiera de sus pulperías. Tanto en O Candal como en O Caldeiro, uno se puede empujar unas buenas raciones de pulpo a feira, por lo que a mi respecta con unos cacheliños, o también con unos pimientos de padrón o unas almejas. Por supuesto, sobra decirlo, con unas jarras de ribeiro.


Para el que disfrute rechupeteando cáscaras, algo que no debe dejar pasar son las zamburiñas: unos bichos parecidos a las vieiras, pero más pequeñas, y que frescas y a la plancha con un puntito de sal están para tirarse un rato largo llorando… Se las puede encontrar bien ricas por la zona de tapeo intramuros de Lugo (Rúa Nova o la Rúa de la Cruz), junto con otras muchas propuestas con las que acompañar una (O_O!) Estrella de Galicia. También es posible encontrárselas de relleno de empanada. Y es que si algun@ piensa que más allá del bonito se extiende el vacío, está muy equivocado: de pollo, de carne de cerdo, de pulpo… ¡Casi se podría decir que cualquier comestible es susceptible de ser empanado!

Con la ciudad de Lugo a las espaldas, se vuelve rápidamente a la Galicia rural, en la que la tierra de Ulloa nos está esperando. No creo que haga falta decir que en Palas de Rei se encuentra ese lugar de culto personal llamado A Parada das Bestas, al que ya le he dedicado algún que otro post; ni tampoco creo que deba recordar que es en esta zona donde vamos a poder encontrar esa maravilla de queso llamado Arzúa-Ulloa. Sí deseo reseñar aquí, por la nueva dimensión que adquiere el concepto de “comida casera”, la experiencia de hospedarse y cenar en la Casa da Ponte, en la aldea de Ferreira. Sobre todo por la magnífica hospitalidad de Manuel y su delicioso orujo macerado con arándanos.

Y… aquí podríamos dejarlo, porque llegados a Melide el Camino Primitivo, desgraciadamente, se termina y se integra en el Francés, con toda la marea humana que lo transita y que en ocasiones hace que se pueda confundir con un parque temático, con todo su merchandising incluido… pero aún así, todavía hay alguna ocasión de estimular el paladar y que merece ser nombrada, ni que sea como epílogo.

Porque antes de llegar a Santiago, ya en el Concello de O Pino, hicimos el descubrimiento de la temporada: O Muiño de Pena, un antiguo molino de grano y aserradero hidráulicos reconvertidos en alojamiento rural que, además de un pequeño museo privado con elementos propios de la molienda (atención al par de norias reconvertidas en mesas), esconde unas cuantas sorpresas más que agradables. Una cocina sorprendente, profesional y delicada, con elaboraciones muy originales y ejecuciones realmente buenas, de la que quedé prendadísimo con uno de sus postres: el pan viejo. Se trata de una especie de torrija de pan gallego hecha a la plancha en lugar de frita y, por tanto, tremendamente ligera, acompañada con un delicioso helado de vainilla natural sobre una base de dulce de leche. Así explicado puede parecer que no es para tanto, pero en la boca es una auténtica y deliciosamente evolutiva pasada. Otras destacables propuestas fueron el San Simón a la plancha, un queso ahumado del norte de Galicia, que también tiene forma de tetilla y está elaborado con leche de vaca, o la sopa de fresas con peta-zetas (!). Por supuesto, no me puedo olvidar del personal del Muiño: joven, dinámico, muy agradable y con un refinado gusto por los gin-tonics ;)


A Santiago de Compostela, ese lugar al que uno llega como peregrino para transmutarse en turista, habría que dedicarle un post para ella solita. Tal vez en otra ocasión, porque como cualquier capital y centro de turismo mundial, concentra una oferta hostelera amplia y del más diverso pelaje, con una importante presencia de marisquerías. Casi se podría decir, sin temor a exagerar demasiado, que sólo la Rúa do Franco tiene más restaurantes que todo el Camino Primitivo junto (quitando Lugo). Únicamente dejaré caer un apunte: nadie debería morirse sin haber probado antes los berberechos que hacen en O Gato Negro.

Y hasta aquí los posteos sobre la gastronomía del Camino Primitivo, un elemento no sólo necesario para satisfacer la demanda energética que nos exige esta ruta tan deportiva por los interiores de Asturias y Galicia, sino imprescindible para disfrutar plenamente ese magnífico paseo de varios centenares de kilómetros. Eliminar el componente culinario a esta ruta, sería equivalente a quitarle de en medio los fenomenales paisajes por los que se transita y las agradables gentes que los pueblan. Simplemente, no sería lo mismo. No estaría completa.

Buen Camino...  ¡Y buen provecho!
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