19 de febrero de 2012

1 de vinos...


A veces nos topamos con lugares escondidos, poco conocidos, que nos ofrecen grandes sorpresas. Suelen ser habitualmente pequeños, pero capaces de ofrecer productos de una calidad que harían palidecer a establecimientos más reputados y que encima se permiten hacerlo a un precio muchísimo más competitivo. Y, por alguna extraña razón, solemos atesorarlos como oro en paño e intentamos estúpidamente mantenerlos en relativo secreto, no se diera el caso que pasaran a ser vox populi, y terminaran muriendo de éxito. Si, además de todo esto, resulta que ese sitio tan especial resulta ser una bodega... la cosa pasa a mayores.

Debo confesar que algo de esto (tal vez mucho) me ha sucedido con un pequeño productor de vino ubicado a las puertas de l'Alt Camp: Vinya Janine. Resulta que, hace un par de años, andábamos de turismo relax rural con los amigos por la zona del Montmell y, por aquello de no agotar los días panza arriba y al sol, como los lagartos, decidimos rebuscar entre las bodeguillas de la zona alguna que estuviera dispuesta a ofrecernos una visita y una cata. Así, por fin resueltos a descubrir el ancho mundo, escogimos aleatoriamente la bodega que más cerca nos quedaba de la casa (tampoco era cuestión de que se nos fuera a hacer de noche...). Y sucedió que, por el objetivo criterio de la proximidad geográfica y sin prácticamente más información que la dirección y el teléfono del sitio, nos plantamos en Rodonyà y conocimos al bueno de Josep Maria Saumell.

Por ir centrando el tema, ubicar las bodegas de l'Alt Camp, pertenecientes a la DO Tarragona, es como ubicar el jamón del bocadillo: entre esas enormes rebanadas que son la DO Penedès y las DO Priorat i Montsant, que prácticamente son las que parten gran parte de la pana en cuanto a la calidad de los vinos en Catalunya. Y es que, aunque en el Alt Camp abunda la viña y las cooperativas de viticultores, verdaderamente son muy poquitos los productores que se orientan hacia la elaboración de vinos de calidad. Y más con la envergadura de sus vecinos... Para nuestra suerte, como quién prefiere arrimarse al buen árbol, los de Vinya Janine pertenecen a este selecto grupo.

Se trata de una empresa familiar que, tradicionalmente dedicada a la producción agrícola, han ido evolucionando hasta comercializar un producto que no sólo cultivan, sino que también elaboran y embotellan en sus propias instalaciones. Y en la actualidad, disponen de un catálogo básico completo de tintos jóvenes, rosados, blancos y crianzas. Verdaderamente sorprendente para una empresa de su modesta envergadura. Disponen, por si fuera poco, de certificado de calidad de “Producció Integrada Catalunya” (para el PEI 2006) y están en proceso de obtención del certificado de producción de vinos ecológicos. Ahí es nada.

Pero hablemos de vinos... Cuando aterrizamos por casualidad en esta bodega, no nos pasaron desapercibidos su blanco y su rosado. Aunque lo que sí nos impresionó sobremanera fueron sus crianzas de 2002 y, sobre todo, el de 2006. Dos Cabernets/Merlots con 12 meses en barricas de roble a sus espaldas, que a fecha de hoy todavía se pueden adquirir y que no han perdido un ápice de consistencia (si acaso al contrario). Personalmente, el que en su día me robó el alma y todavía no me la ha devuelto es el crianza 2006, bautizado como PEI, con el que han conseguido una sofisticación y una gama de matices realmente destacables, bastante mejores que en el de 2002. Sin duda, un vino que sobresale. 


Pues bien: con algo tan bueno entre las manos era cuestión de tiempo que un día u otro comenzaran a verse reconocidos... Y eso ha sucedido en la última edición del Internatiornal Wine Challenge Catavinum 2012, celebrada el pasado mes de diciembre en Vitoria-Gasteiz. 2057 vinos de todo el mundo y 599 vinos distinguidos. Entre todos ellos: el PEI 2006 y el Xarel·lo 2010 de Vinya Janine, con sendas medallas de plata. Los únicos galardones, hay que destacarlo, obtenidos por vinos de la DO Tarragona en esta edición.

Y a uno que, como siempre ha dicho mi madre, nació con bolsillo de pobre pero paladar de rico, le da a la nariz que esto es sólo el principio. Dos ejemplos: hace unos días celebramos una calçotada y nos alojamos en la casa Rural Jordà de Rodonyà (premio a quién adivine a quién la gestiona). Pues bien, en el evento Saumell tuvo el detallazo de dejarnos probar una botella de Cabernet/Merlot de la cosecha del 2000, de su bodega personal. Un vino de más de 11 años que, lejos de entrar en la típica decadencia color teja de los caldos viejos, se desparramaba orgullosamente vivo, incluso brillante y en plenas facultades. Indudablemente evolucionado, con torrefactos y cueros bien presentes...  Una pequeña maravilla, vamos. Luego 1+1: si los vinos que hacen en Vinya Janine saben envejecer de una forma tan gloriosa… no me quiero imaginar cómo puede llegar a desarrollarse el PEI 2006 de aquí a 4 o 5 años. Y si en esta ocasión le ha caído la de plata…

Segundo ejemplo: una de las ventajas que tiene visitar a los productores chiquitines es que te puedes permitir pequeños grandes lujos, como son probar un producto antes de su comercialización o incluso, rizando el rizo, antes de su embotellado… Así es: hemos tenido el privilegio de poder catar ya el Xarel·lo 2011 de Vinya Janine. Y, desde luego, si la estabilización en botella va como debe ir, superará la calidad del año anterior. Luego 2+2: si con éste ya han obtenido una medalla de plata, no sólo creo que la vayan a repetir, sino que pueden mejorarla.

Y un par de pinceladas finales: si alguien tiene interés en probar cosas raras, como por ejemplo un vino elaborado con una variedad tan poco común como el xarel·lo vermell, que consulte en Pan Vino y Chocolate, de Bigas Luna. ¿Qué qué tiene que ver esto con Vinya Janine? Bueno: podéis investigar vosotros mismos... Y por otro lado, hace tiempo que venimos insistiendo a Saumell que repita cierto coupage de xarel·lo con un toque de muscat que daba como resultado uno de los mejores blancos jóvenes que he tenido ocasión de probar; o que se atreva a dar algo de crianza a sus blancos. Esperamos sinceramente que el éxito que ha obtenido este año con sus vinos le anime, por fin, a tirarlos adelante para la próxima cosecha.
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