10 de abril de 2012

[3r MG] Hasta el año que viene


El pasado domingo finalizaron las actividades de las Jornadas Gastronómicas Pota Blava i Carxofa Prat con la presentación del últimovídeo del Gastronomía Sonora (me encanta el final, con las esferas de arándano flotando como cúmulos) y la entrega de los premios de micro-recetas en el Cèntric Gastrobar. Han sido 23 días de menús especiales, de actividades gastronómicas diversas, de reivindicación de la gastronomía y de los productos locales y, sobre todo, de compartir experiencias alrededor de la mesa.

Es hora de hacer balance. Desde la AGT afirman exultantes haber llegado a los 4.000 menús servidos, adelantan que la edición del próximo año durará todos y cada uno de los 31 días del mes de marzo, y afirman querer resucitar el “Tasta Tapes” para el principio del otoño. Tanto ellos como los productores dan por consolidadas unas jornadas que dinamizan un mes de marzo, ciertamente átono para la hostelería, y se felicitan por romper la estacionalidad de un producto tradicionalmente centrado en las navidades como el Pota Blava.

Por nuestra parte, hemos podido probar 7 de los 19 menús participantes, algunos con platos de los que guardaremos muy buenos recuerdos y otros que agradeceremos olvidar muy pronto. Ha habido para todos los gustos, pero en nuestra opinión querríamos distinguir lo siguiente:

-       Lo más interesante: El Sopar dels Sentits-Gastronomia Sonora
-       El mejor plato: El confit de Pota Blava del Ona Nuit
-       El mejor menú: el del Rústic & Co
-       Menús imprescindibles: los servidos en los dos anteriores, además del de La Lluna en un cove (mención especial para el concepto del De Repente)
-       Para olvidar: los bombones de Carxofa Prat
-       Lo peor: los restaurantes que no han querido participar. Ya sé que me repito más que el ajo, pero los que van de free ryders me sacan de mis casillas.

Con cupcakes como este, se despidió el Març Gastronómic el domingo de ramos en el Cèntric

También es hora de mirar el futuro. Parece que, efectivamente, las jornadas van enraizando, pero todavía queda mucho por andar. Personalmente, me encantaría que la gastronomía en sí misma fuera la verdadera protagonista. Que algún día, dentro de unos años, se pueda hablar del concepto “Març Gastronòmic” por sí solo como elemento identitario. Y es que, en ocasiones, he tenido la impresión de que se ha otorgado más importancia a algunos elementos de la campaña de difusión de la jornada, hechos con toda la buena voluntad (hay que reconocer el esfuerzo de la AGT), pero culinariamente gratuitos, porque no dejan de ser la cáscara del huevo (y los hashtags, además de no garantizarte un Trending Topic, no saben a nada). Un buen comienzo podría pasar por reservar el apadrinamiento a algún chef de renombre, por ejemplo.

Estaría bien estimular la competitividad entre los participantes (la competencia es cosa de cada uno, y siempre debe ser mejorada) para elevar el nivel general, por ejemplo reconociendo las mejores propuestas, aunque creo que para eso puede ser más eficaz el Tasta Tapes, porque su formato y su precio permiten degustar un mayor número de elaboraciones y tienen un mayor componente social (nota mental: postear mis carta de los Reyes para el próximo Tasta Tapes).

Pero hay una cosa que, personalmente, me encantaría llegar a ver a no mucho tardar, para mayor gloria del Pota Blava. Hace un par de años, después de degustar un plato de ternera de Hida (que no es tan conocida como la de Kobe, pero que tampoco está nada mal) en un teppanyaki de Hida-Takayama de lo más sencillo que te puedas echar a la cara (sólo había una mesa sobre tatami y una barra con 4 taburetes), la cocinera, que no hablaba ni papa de inglés y mucho menos de español, nos entregó un numerito apuntado en un papel y nos señaló un cartel que tenía colgado en su local. Pues bien: entrando en la página web indicada en ese cartel se podía registrar la trazabilidad completa de la ternera que nos acabábamos de comer: cuándo nació, en qué granja se crió, cuándo se sacrificó... Lo dicho: me encantaría poder llegar a verlo algún día, como detalle indiscutible de la calidad del género Potal Blava.

Y finalmente, como ya comentaba el año pasado, estaré encantado el día en que se sea coherente con las declaraciones públicas y privadas, y se potencie realmente la gastronomía como fuente de riqueza del territorio, no como elemento de ocio en un centro cívico (que también), sino como verdadero subsector económico de interés con acciones de formación ocupacional, de reciclaje profesional y de formación continua. Sólo entonces se reflejará su importancia estratégica, más relevante en estos tiempos de búsqueda de la competitividad, y se comenzará a caminar por la senda de la excelencia. Hasta entonces, la ausencia de ideas y de iniciativas en este sentido nos condenará al pelotón de los mediocres y nos acercará cada día más a los casinos. 

Con esta entrada finaliza la serie de posts dedicados a la tercera edición del Març Gastronòmic del Prat, no sin antes agradecer su trabajo a quienes la han hecho posible: AGT, los productores de Carxofa Prat y Pota Blava, los entes públicos y privados que le han dado soporte y han colaborado de una u otra manera, los restauradores que han participado. Las felicitaciones, para los que las hemos disfrutado, porque sin nosotros tampoco serían posibles estas jornadas... 

Espero que cada vez seamos más.
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